Salmo 3

 

Cuántos dicen de mí:

“Ya no lo protege ni Dios”

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,

tú mantienes alta mi cabeza.

 

 

Quizá, este salmo no sirva para muchos. ¡Dichoso el que nunca tuvo que sufrirlo!

Es amargo sentir el dedo acusador, y la sonrisa del que te abatió.

Es duro sentirse abandonado también por la mano de Dios.

La suma crueldad de la soledad.

La soledad es el peor cáncer.

 

¡Y hay gente que la sufre! Y no hay hospitales ni médicos ni fármacos.

El único que puede mantener alta tu cabeza y caliente tu corazón es el Señor.

Y a Dios sólo lo puede sustituir un hermano, un amigo.

Categoría noticia: